El conurbano: La gran apuesta de Cambiemos, 23 PM, Canal 9, 19/09/2017

¿Quo vadis democracia?

A un mes de su desaparición, miles de personas marchan para pedir por la aparición con vida de Santiago Maldonado.

A un mes de su desaparición, miles de personas marchan para pedir por la aparición con vida de Santiago Maldonado. Foto: DyN

El Talmud sostiene que el presente no existe. Sólo existen el pasado y el futuro. El pasado es historia. El futuro esperanza. El presente, apenas una instantánea en ese sendero hacia el futuro.

El festejo de estos 12 años al que convoca PERFIL resulta sin duda un hecho esperanzador, en tanto permite evidenciar que en ese arco pasado –futuro que se despliega y expresa en el presente–, la defensa de la libertad de expresión sigue teniendo vigencia.

Sin embargo, y al mismo tiempo, resulta difícil para mí evitar una asociación incómoda, y hasta cierto punto dolorosa: la evidencia de una Argentina dolida, enferma de violencia e intolerancia, una y otra vez frustrada, donde los “che hermano” se han convertido en estos últimos 12 años en vecinos enfrentados por mundos aparentemente irreconciliables.

En efecto, existe otro significante, otra lectura sobre lo que dejó la gestión de esos 12 años de gobierno que deja poco para festejar: una suerte de segunda década perdida que, más allá de ciertos logros, dista de haber podido sacar a un tercio de la población de la pobreza. Logró, eso sí, mantenerlos en silencio, anclados en un pasado doloroso y sin futuro; en pocas palabras, sin esperanza, aspirando a sobrevivir el día a día.

Tampoco pudo, durante esos 12 años –la mitad de los cuales se ufanó por mostrar al mundo sus superávits gemelos–, unir a los argentinos sino más bien profundizar grietas de antigua data y actualizarlas con nuevas formas de expresión de viejos enconos. Tampoco supo mejorar la educación, respetar la autonomía de la Justicia, fortalecer los valores republicanos y, sobre todo, gobernar con transparencia, ejemplaridad y sentido ético.

En ese contexto de frustración y sentimiento de pérdida me pregunto qué significado social contiene la desaparición de Santiago Maldonado. ¿Qué fue lo que hizo que una multitud a lo largo y a lo ancho del país se identificara y conmoviera con un joven de quien hasta hace poco sabíamos poco y nada?

Dejo deliberadamente de lado el uso perverso y vergonzoso que algunos sectores políticos han intentado hacer del caso. Dejo también por fuera las evidencias de cierta cortedad de miras de una dirigencia incapaz de sumar en una sola voz el reclamo unificado por una respuesta rápida a la angustia que nos genera y por una pronta resolución del caso.

Asisto a una nueva confirmación de que son aún muchos los que no comprenden que nuestra democracia vino no sólo para que ejercitemos el ritual del voto sino a permitirnos mantener presente que todavía nos llaman a la puerta casos como BlumbergNismanMaldonado y tantos otros tan importantes, tan dolorosos y tan urgentes en su necesidad de ser esclarecidos.

De esto parece no tener conciencia una parte sustantiva de la vieja dirigencia pero tampoco varios de los que se sienten parte del “club de la nueva política”. ´

¿Qué hace que un acontecimiento, un evento, se convierta en un hecho social de magnitud? Durkheim sostenía que un hecho social remite a modos de actuar, de pensar y de sentir, exteriores al individuo, y que poseen un poder de coerción externa en virtud del cual se le imponen.

Un poder que se reconoce por la resistencia que el hecho opone a toda actividad que pretenda violentarlo y que remite necesariamente al medio social.

Y el hecho social que se sitúa por detrás y a los costados de esa sensación de frustración y reparación que genera la desaparición de Santiago Maldonado es multifacético. Se nutre por un lado de la desconfianza endémica y el descrédito hacia el conjunto del entramado institucional que debería reglar la vida en sociedad. Por otro, en la falta de un abanico de solidaridades que eludan lo que podríamos designar como “el particularismo de lo universal”, es decir, el hecho de que esas tragedias no puedan ser inscriptas en una misma herida común. Una que pueda sensibilizarnos a todos, para que no existan “categorías de víctimas” según nuestras convicciones o creencias políticas.

Lo que quiero decir es que tenemos que ser capaces de impugnar con determinación esa idea de que hay “víctimas y víctimas”, ejemplificada por el desafortunado contraste establecido por H. Bonafini entre Santiago Maldonado y Jorge Julio López.

 

http://www.perfil.com/sociedad/quo-vadis-democracia.phtml

ANÁLISIS DE LAS PASO. DEL SINCERICIDIO DE BULLRICH AL SILENCIO HÁBIL DE LILITA Y CRISTINA. PERFIL. DOMINGO 6 DE AGOSTO 2017

A una semana de las elecciones, tres de los principales encuestadores y analistas políticos, Graciela Römer, Luis Costa y Carlos De Angelis, exploran en una mesa redonda el desarrollo de la campaña y la proyección para octubre.

Los tres convocados por PERFIL –Graciela Römer, Carlos De Angelis y Luis Costa– cuentan con un doble saber: están acostumbrados a mirar encuestas (y hacerlas, también), pero además pueden interpretar esa radiografía que viene de la investigación. Una mirada social, sociológica, que quizá puede ayudar a pensar varias cosas: primero, ¿qué significado real tienen los resultados que nos darán las PASO del próximo domingo? Segundo, ¿ese resultado puede cambiar en octubre? Y finalmente, ¿hay algún otro proceso electoral al que atender, además de la madre de todas las batallas, que es la provincia de Buenos Aires?

 

Los tres especialistas estuvieron en la redacción de este diario y debatieron sobre un futuro inmediato, cuyos ecos seguramente resonarán al menos en los próximos dos años
Periodismo de anticipación. PERFIL abrió el juego, preguntándoles a los tres sociólogos cómo imaginan los títulos periodísticos luego de las elecciones.

DE ANGELIS: Cambiemos ganó en todo el país. Esa va a ser la tapa de todos los diarios, excepto Página/12, seguramente. PERFIL compartirá los resultados de la provincia de Buenos Aires y los nacionales.

COSTA: La pregunta, en realidad, esconde el cómo creemos que va a dar la elección. Y más allá de los datos. La duda menor es a nivel nacional. El Gobierno tiene la mayor chance de ganar, porque tiene una marca homogénea. Es un resultado muy fácil de contar. El secreto puede estar en la combinación entre los dos resultados: el de provincia de Buenos Aires y el global. Quizá, la tapa más llamativa –y no me extrañaría– es Cambiemos ganando en Provincia y arrasando en Capital. De ahí para abajo, hay distintas combinaciones posibles.

DA: Si Cambiemos ganara en provincia de Buenos Aires, la tapa sería Esteban Bullrich, como si fuera el capitán de Argentina ganando un Mundial. Sería algo doblemente novedoso. Que el oficialismo vuelva a ganar en provincia de Buenos Aires en una elección de medio término no sucede desde que Cristina le ganó a Chiche Dualde, en 2005. Hay algo analogable ahora. Se buscaba consolidar un proceso que estaba iniciándose. En 2005 arrancó el kirchnerismo. Aquí está pasando algo parecido.

RÖMER: Como se cuente la noticia va depender de los recursos discursivos que cada medio tenga en términos de por cuánta diferencia sean los resultados. Un caso similar, quizás, a lo que pasó cuando ganó Graciela Fernández Meijide. Fue por dos puntos de diferencia. Pero permitió que se generara una tapa impresionante. Me parece que cómo se informe tendrá mucho que ver con las distinas líneas editoriales. También tiene que ver con quién podría llegar a resultar un cisne negro. Imaginemos que las lunas se alinean, que los planetas estén con Sergio Massa y termine ganando, algo que ninguna encuesta plantea como escenario. Claramente, ahí habría una noticia fuerte.

C: La gran pregunta de esta elección, que nos estamos haciendo todo el tiempo, es qué pasará en la provincia de Buenos Aires. No sólo por la importancia, sino porque marcó el comienzo de la era Cambiemos. Si vuelve a ganar, estaría marcando la importancia de María Eugenia Vidal como líder. Las dos tensiones interesantes, para nosotros como sociólogos, es si el Gobierno logra reproducir la victoria de Vidal o pesa el Presidente. No sólo sería la segunda derrota seguida del peronismo, sino que lograría desprender la elección local del anclaje nacional. Algo que siempre fue muy difícil, incluso para el peronismo. Si uno sigue atentamente la campaña, es interesante releer cómo se van tomando las decisiones. Nosotros tenemos mucho a Vidal en los afiches, casi como si fuera candidata, y al Presidente.

DA: Una imagen de fuerte sería la de una Cristina perdedora, como el fin del proyecto nacional-popular o populista.Creo que no va a pasar. Pero sería una foto.
Cristina macrista. Habría una forma de ver este proceso de campaña con una Cristina Fernández aplicando algunas estrategias que le resultaron exitosas a Mauricio Macri: una escenografía diferente y pocas palabras. También, se ha visto al Presidente más en la tribuna. ¿Es un cambio de paradigma?

C: Se me hace un poco difícil encontrar la macrización de la campaña de Cristina. Lo veo un poco apresurado. Cuando Cristina hace el lanzamiento de su espacio político, antes de lanzar su candidatura, en el estadio de Arsenal, realiza la acción de traer gente a contar experiencias. A mí me parece que no es la primera vez que Cristina utiliza a otros para contarnos algo. Y no me parece que el escenario atrás tenga alguna connotación especial. En el no aparecer de Cristina hay una lógica: la de saber que cada vez que lo hace juega con fuego.

DA: Nos hicimos una idea de una Cristina caprichosa e irreductible. Creo que sí hizo un insigth táctico y reconoció que su palabra alejó a las clases medias. Es muy difícil tener a las clases medias en contra. En la Argentina es más difícil tenerlas en contra que a los empresarios. Creo que ella lanza su espacio político en Comodoro Py. Un lugar insólito para una candidatura presidencial.

R: No comparto. Creo que lo que Macri hizo es una continuidad de lo que viene haciendo. El timbreo es una metodología que se usa muchísimo en las elecciones norteamericanas. Creo que le llega por la vía de su consultor estrella, pero basta con leer lo que sucede en los Estados Unidos, vemos que es algo bastante común. Tiene que ver fundamentalmente con la crisis de representación de los partidos políticos. La cercanía con la gente es un tema clave. Detrás de ese objetivo, está el mensaje de que no se ha roto, ni se piensa romper, el pacto de representación, que es lo que está en la mente y en el basamento. El argumento de la gente es: “Me usan para el voto y una vez que llegan se olvidan de mí”. Que los políticos trabajan para sí mismos y no para la gente. Macri intenta decir que trabaja para la gente con su estrategia, que es distinto.
Massa y otros. Cómo se dirima la provincia de Buenos Aires dependerá en gran medida de la elección de Sergio Massa. Y una evaluación posible de su estrategia es la alianza con Margarita Stolbizer. ¿Sumaron votos al unirse?

R: Mi impresión es que no le sumó votos, pero le frenó, dado el contexto, si se quiere, del mensaje, de lo que es el conjunto de la oferta electoral, le frenó un drenaje de votos. Y le dio cierta pátina más afín a lo institucional. Digamos que neutraliza su historia peronista y su perfil peronista de cara a un electorado independiente.

C: Ambos responden, desde el origen, a electorados muy diferentes. Ella tiene mucha más potencia en el interior. Y él, sobre todo, en el Conurbano y en la primera sección, particularmente en lo que es Tigre y San Fernando, después él tuvo un desempeño muy homogéneo en el interior de la Provincia. El desafío, a una semana de la elección, es que puedan sumar y no los haga caer.

DA: Parece más una alianza táctica. Pensar es un programa común es más complicado. En los actos conjuntos, si bien no se contradecían, porque son gente cuidadosa, no parecían tener un programa común. Massa fue reactualizando sus alianzas desde esa liga de intendentes muy interesante y potente…

R: Un sistema de alianzas muy contingente.

DA: Sí. Y muy táctico.

—¿Es analogable esa alianza a la de Lilita Carrió con Macri?

DA: Yo la veo más parecida a la alianza del Chacho y De la Rúa. Por incompatibilidad que uno se arma mentalmente.

R: Creo que la de Chacho y De la Rúa era de alguna manera más auténtica. Chacho tenía un caudal de votos más importante que venía de su interna con Bordón, y del punto de vista cualicuantitativo es distinto. Esta alianza tiene algo más de pátina, de maquillaje.

C: Hay una diferencia. Si bien Carrió tiene una tradición política, que uno puede trazar, con partidos con una cierta orientación, también a Macri uno lo puede colocar en cierta tradición política en Argentina. En cambio, tanto Stolbizer como Massa vienen de trayectorias de toda la vida en partidos muy definidos. Creo que sus electorados (y ellos también) tienen que hacer fuerza para entender que ambos no se anulan mutuamente.

—¿Sigue teniendo sentido en la Argentina hablar de derecha e izquierda?

C: Es una discusión que se ha abierto mucho, no sólo en la Argentina. En todo el mundo. Los problemas con las posturas ideológicas son varios. El primero es que tanto izquierda como derecha son ideas con mucha tradición y también con muchas bifurcaciones. Hace ochenta años era más fácil. Incluso, el que era de derecha o de izquierda se describía a sí mismo como tal. Uno encuentra en la tradición argentina del nacionalismo de derecha expresiones claramente conservadoras, antidemocráticas, religiosas. El golpe de Estado del 30 es claramente de derecha. Al mismo tiempo de la descripción, hablar de derecha o de izquierda en la política se usa mucho para hablar mal de alguien, del enemigo.

Es algo que sirve en la batalla dialéctica. Creo que, más allá de cuestiones teóricas, tiene que ver con lo que un partido se permite discutir. Un ejemplo es el caso del aborto. Es más fácil discutir sobre el aborto en la base militante de lo que fue el kirchnerismo que dentro de otro partido.

Es una cuestión compleja: en la Argentina, ser liberal en lo económico es ser visto como alguien de derecha, mientras que en otros países ser de derecha implica una mirada conservadora. En resumen:

sigue teniendo sentido, pero no creo que mucha gente elija su voto siguiendo esos parámetros.

R: Para los electorados, el cribaje izquierda/derecha no es tan nítido, entre otras cosas porque los mismos cribajes han mutado. La economía ha cambiado enormemente. Y también los sistemas de representación: lo que representó históricamente la derecha y la izquierda realmente está en proceso de transformación. El referente izquierda/derecha sí sigue funcionando. Y funciona en el mundo.

Este es de los pocos países en los que hablar de derecha y de izquierda es casi vergonzante. Acá se habla de progresismo. Pero, ¿qué es el progresismo, sino la izquierda, o la centroizquierda?

Lo que cambió en esta etapa de capitalismo globalizado son los ejes que determinan qué es de izquierda y de derecha. En Europa es muy claro qué pertenece a la izquierda y qué a la derecha. Hay identificadores fuertes de ciertos sectores del electorado con paradigmas de modelos societales, de dinámicas en la relación entre un

Estado y su sociedad. Y esto se ve en el voto duro macrista y el voto duro kirchnerista. Y hay también en el medio un electorado más cerca de posturas más individualistas, más pragmáticas.

DA: Yo sí creo que hay una tradición de proteccionismo y otra de librecambismo en la historia argentina, con el mitrismo, Rivadavia y Perón, Rosas del otro lado. Ese fue el juego argentino que tensó la tradicional dicotomía a la francesa. Y sigue vigente.

R: Y sigue vigente. Es cierto que el populismo ha distorsionado algunos de los ejes de la izquierda. Algo que tiene que ver con la forma de la gestión. O la lógica amigo/enemigo.

DA: Además, en la globalización es difícil ser proteccionista.
Esteban Bullrich y el “voto derechoso”. Algunos teóricos clasificaron la elección que se viene como “de nicho”. Desde esa lógica, quizá pueda no haber resultado un error la declaración de Esteban Bullrich sobre el aborto. De Angelis dice que “se corrió del manual duranbarbista y expresó una convicción muy fuerte. Sorprendió mostrándose cómo es en un esquema en el que parece que hay que decir lo que el electorado quiere. Y mostró una derecha religiosa que es un componente de Cambiemos.

R: También es componente del peronismo. El eje religioso y el catolicismo son muy fuertes en la Argentina. Tenemos una tradición muy fuerte de fidelidad, de contrición, de misa los domingos. Esto es fuerte y recorre toda la política argentina.

C: Creo que dijo realmente lo que piensa. Lo agarraron de sorpresa. Creo que ésta es una elección de bloque. Creo que el macrista hasta el extremo, alguien que trabaja seguramente en un puesto ejecutivo en una empresa privada, tiene poco hacinamiento en el hogar. En la otra punta está La Matanza.

R: Esta no es una elección de nicho. Hay una muy inteligente campaña de Cristina Kirchner, que aprovechó una cierta transversalidad.

Otras elecciones. PERFIL preguntó a los entrevistados si a su juicio hay alguna otra elección tan interesante en agosto como la de Buenos Aires. De Angelis contesta: “Córdoba es fundamental. Macri tiene una elección complicada con Schiaretti”.

C: Hay tres lugares que llaman mi antención, por diferentes motivos. Uno es la Ciudad de Buenos Aires. Ver si Carrió consigue una elección en la que arrase, con más del 50%, que sería un dato a tener en cuenta,

más si hace una buena elección en la Provincia. Otra es la de Santa Fe: el socialismo va hacia una elección muy riesgosa, en la que puede salir muy mal. El Gobierno logró partir un poco la coalición original. Me parece que hay que seguirla. La otra, que es más extraña, es San Luis: el Gobierno tiene una apuesta fuerte en que pierde. El Gobierno ha elegido rivales fuertes.

DA: Hay dos elecciones más: Jujuy y Santa Cruz. Si pierde ahí, va a tener que dar explicaciones. Menem, por ejemplo, nunca perdió en La Rioja.

R: Si este país se caracteriza por algo, es por su memoria cortísima y porque nunca pide explicaciones. Comparto con Luis. Creo que Capital, Santa Fe, San Luis son importantes. Pero para mí Buenos Aires es muy importante. Porque en Buenos Aires se juegan tres cosas. Por un lado, el tema formal de la composición de la cámara. Lo más probable es que el PRO (más que Cambiemos) pueda aumentar relativamente su caudal de electores. Además, hay otro componente que tiene que ver, básicamente, con la legitimidad y gobernabilidad de Macri. Además, se pone en juego la recomposición de fuerzas al interior del peronismo. Si Cristina saca 32% o 33% en la Provincia, no es lo mismo que si saca 38% o 40%. Esto va a tener una incidencia muy importante sobre el sistema de negociaciones que tiene que hacer el

Presidente con la oposición, especialmente con los gobernadores. En Capital, es interesante si Lilita saca en torno del 50%, ver la performance de Lousteau. El peronismo va a seguir en sus números habituales.

DA: Coincidirán conmigo en que la contrincante de Cristina debería haber sido Lilita. Fue a Capital a frenar a un Lousteau que va a salir tercero cómodo.

R: Fue una decisión que, si sale bien, echará por la borda una larga bibliografía, no sólo de las ciencias políticas, sino también de la comunicación y de la neurociencia. Porque, en verdad, la posibilidad de transferir imagen individual y esa liaison que se produce entre un candidato y el público es muy difícil. Casi sería un matrimonio por un mandato. Es una movida que, si sale bien, no responderá a un racional.
Escenarios, si Cristina gana o pierde. Luis Costa dice: “Si Cristina gana, retrasa la reconversión del peronismo. Lo encapsula como un fenómeno más de la provincia de Buenos Aires. En cambio, si Cristina pierde, hay un montón de gente más joven en la cola, con el desafío de reconvertir el peronismo,

DA: Es la hipótesis de Randazzo.

—¿Qué piensan que diremos los periodistas de los encuestadores, luego de las PASO?

DA: Seguramente van a hablar de los errores. Sin embargo, de lo que estoy seguro es de que va a haber una pequeña sorpresa en la provincia de Buenos Aires.

R: Desde el Brexit viene siendo así. Lo que no entienden los periodistas por ignorancia es que creen que poner a un candidato dos puntos arriba o dos abajo tiene que ver con un diseño del investigador y no con una cosa que se llama error muestral. Y es tal el afán de tener un número al que agarrarse y hacer una nota buena, que se produce el error. Es como preguntarle a un médico, ante un paciente grave, si se va a morir o no. Realmente no lo sabe.

C: Igual, hay que reconocer, Graciela, que en algunos casos han sido errores que van más allá del margen de error: Colombia, Brexit.

R: Es que, claro, ¿cómo no vamos a tener también corrupción en nuestro gremio?

DA: Creo que toda construcción cuantitativa que surge de una muestra es precisamente eso: una construcción. Lo mismo pasaría si pudiéramos saber cuál es el PBI real. También sería diferente. Lo mismo sucede con las escuestas electorales. Con la diferencia de que están los resultados como para saber cómo son las cosas. Por ejemplo, hay un 20% de gente que no va a votar nunca.

R: Es que en un proceso de un cambio tan grande no se pueden tomar conductas históricas como parámetro.

C: Yo escribí una autocrítica en PERFIL. Creo que en muchos casos es difícil. Hay ciertos temas en los que la gente es reticente.

R: Creo que la gente que hace encuestas debería socializar su método. Hace muchos años, cuando Página/12 no era lo que es hoy, daba cursos sobre cómo leer una encuesta de opinión.

Creo que fue algo muy bueno que después no se repitió. Además, no sólo son los periodistas los que no entienden las encuestas. También les cuesta mucho aceptar a los políticos cómo debe entenderse un resultado.

DA: La ventana de estimación le quita todo dramatismo al análisis.

C: En la parte que me toca, lo veo con un sufrimiento espantoso. El problema es que uno puede trabajar con mucho criterio y, sin embargo, tener problemas, porque la sociedad cambia.

http://www.perfil.com/elobservador/del-sincericidio-de-bullrich-al-silencio-habil-de-cristina-y-lilita.phtml

 

 

Mas allá de la intención de voto. Clarín. Domingo 23 de Julio 2017

La autora de la nota dice que Cristina Kirchner puede volver a ser un factor de “simplificación” de la competencia electoral como ocurrió en 2015.

 

Se suele escuchar habitualmente en boca de analistas, políticos y otros especialistas que eso que en el pasado llamábamos ideologías ya no son importantes. Son tiempos en que las sociedades juzgan los méritos de los gobiernos como quien juzga los méritos de un champú a la hora de decidir qué marca comprar: ¿Éste me sirve? ¿Cómo me dejó el pelo la última vez? O simplemente: No sé, pero me gusta ¿Es tan así?

En política se ha vuelto parte del discurso de un sector, visible en la oposición pero también en segmentos de la sociedad, la idea de que Cambiemos es “el gobierno de los ricos”. Esa definición resume un conjunto de creencias y conjeturas que equivalen a afirmar que el gobierno elegido en 2015, lejos de buscar el bien común, procura beneficiar intereses de un círculo más bien estrecho de ciudadanos o, siguiendo con el estereotipo, “aquellos que pertenecen al sector mas próspero de la sociedad”. Creencias y conjeturas de ese tipo están llenas de implicancias y llevan a expandir la desconfianza sobre el conjunto de las políticas de gobierno y en la propia figura presidencial. Poco importa si el gobierno exhibe datos sobre la evolución del salario real, la extensión de la cobertura de programas sociales o mejoras en los ingresos previsionales. La circulación de mensajes como “no entregan más remedios”, “el gas aumentó 10 veces”, “los pobres aumentaron exponencialmente”, son tomados como evidencias suficientes para dar por tierra con cualquier argumento oficial. En una batalla de mensajes contra mensajes, de imágenes controversiales que recorren cotidianamente los noticieros, talk shows, twitters y programas radiales. Pero ¿cuáles terminan ganando? La experiencia en el campo de la opinión pública sugiere que esa batalla es –en general- ganada por aquellos argumentos -validados o no – que permiten reforzar creencias previas. Veamos algunos datos que pueden iluminar esta cuestión: un 51,6% de los electores dice hoy que “el presidente gobierna para los ricos”; la otra mitad piensa que eso no es cierto. Una precisión: 21,5 % de esos ciudadanos afirma esa creencia en sentido fuerte (dicen estar “muy de acuerdo”). Un 30% adhiere pero de modo menos convincente.

Pero volvamos a ese 21,5% que afirma sin hesitar, que este es el gobierno que gobierna pensando en los ricos. En una democracia con signos inequívocos de fragmentación, un 21,5% de votantes es una presencia relevante en el escenario electoral. Giovanni Sartori sostenía que un partido o facción es relevante o bien por su potencial de gobierno o bien por su capacidad para influir sobre la conducta de los demás actores políticos. Cristina Kirchner satisface ese requisito: su presencia influye en la conducta de sus adversarios. Tiene incidencia también en la idea que los inversores tienen sobre la viabilidad económica a largo plazo de Argentina.

¿Ese segmento del 21,5% (mayoritariamente simpatizantes de CK) es un grupo cuya consistencia interna amerita que lo consideremos como tal? Veamos. En términos de expectativas sobre el futuro de la economía, la sociedad se divide entre quienes creen que mejorará en un año (44%), quienes creen que estará igual (14%) y quienes creen que empeorará (39%). Si analizamos esas expectativas y su conexión con el enunciado sobre el gobierno de los ricos encontramos que los pesimistas sobre el futuro de la economía trepan al 83% entre los partidarios de la tesis clasista, es algo menor entre los adherentes en sentido débil (54%) y se desmorona al 10% entre quienes la rechazan. De tal modo la influencia de nuestras creencias acerca de la política sobre las expectativas parece clara.

¿Qué consecuencias tiene todo esto pensando escenarios a corto y mediano plazo? En el núcleo duro de votantes del kirchnerismo, las personas que adhieren en sentido fuerte a la tesis clasista del “gobierno de los ricos” son más del 60% pero ese porcentaje de adhesión se derrumba fuera de ese grupo.

Esa pregunta es importante, porque en ese terreno se resuelve la suerte electoral de la ex presidenta. Analicemos, entonces, a ese grupo que adhiere débilmente a la tesis clasista (30%). Allí el kirchnerismo obtiene 34%, el massismo 24,4% e incluso Cambiemos alcanza a un 19%. Es decir, allí hay competencia electoral. El kirchnerismo gana en ese segmento, pero existen otras opciones que son también consideradas legítimas. Si el kirchnerismo finalmente retuviera uno de cada tres votantes de ese segmento rasguñaría entre 31-35% de los votos. Es decir, quedaría por debajo o cercano a la marca de Aníbal Fernández en 2015. El problema del kirchnerismo como discurso político y como proyecto de sociedad es que, fuera de ese núcleo duro donde conviven creencias muy arraigadas (“gobiernos de los ricos” y otras que perfilan un corpus ideológico consistente con el populismo) la competencia electoral parece ofrecer oportunidades acotadas para ese tipo propuesta política. Alli predomina un electorado con articulaciones más pragmáticas que ideológicas sobre la política y la conducta electoral. En cambio, tanto en el caso del massismo como en el caso de Cambiemos a sus núcleos de votantes más firmes se agrega un segundo círculo más amplio de ciudadanos que podrían votarlos aún cuando no compartan in totum o discrepen con las creencias de sus núcleos de votantes mas duros o principistas.

En un sentido, convencer a los electores de que uno de ellos es el mejor freno a la ex presidente parece ser el desafío principal. Habida cuenta de que ella ya no puede crecer mucho más allá de sus votantes fieles o sus (más bien pocos) votantes nuevos, quien logre transformarse en el muro de contención contra su regreso se beneficiará de la conducta estratégica de los votantes dispuestos a sacrificar su primera opción para impedir un “regreso de Cristina”.

Si Cristina prestó ese servicio de “simplificación política” en la edificación de la mayoría electoral que en 2015 derrotó a Daniel Scioli (o, antes, la que le permitió a M.E Vidal derrotar a A. Fernández) puede volver a hacerlo ahora. Lo que sugiere finalmente que el trabajo de sus rivales es no cometer errores forzados (de esos que envían votantes al campo contrario) ya que el resto del trabajo lo hará otro por ellos.

El equívoco papel del Estado en la economía

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En una nota de Orlando Ferreres publicada en el diario La Nación “¿Cómo es la participación del Estado en la economía del país?” http://www.lanacion.com.ar/2033420-como-es-la-participacion-del-estado-en-la-economia-del-pais se  resume con bastante precisión la biografía del Estado argentino en su creciente papel en la economía; desde la primera expansión durante la gran crisis de la década del 30, las nacionalizaciones de la posguerra y el creciente proteccionismo (siderurgia, industria pesada, transportes) de los años subsiguientes hasta bien entrados los años 90. Allí reseña también la experiencia de reversión (roll back) de esa tendencia estructural durante las presidencias de Carlos Menem y, finalmente, la vuelta del impulso estatista durante los años recientes.

La presencia del Estado en la economía pasó del 9 al 15% durante la década del 30, llegando a implicar el 25% a mediados de la década del 50 y al 46% hacia fines del ciclo 2003-2012. Eso coloca al caso argentino bastante por delante de la experiencia latinoamericana y más bien en las vecindades de la experiencia de los países europeos donde aproximadamente el 50% (a veces algo más) de la economía está en manos del Estado. El problema, pareciera ser, es que nuestro sistema tributario no guarda esa misma correspondencia que exhibe nuestras decisiones de gasto público ni tampoco la calidad de los servicios que ofrece el Estado.

En efecto, ¿cuál es la singularidad de la experiencia argentina comparada con los países europeos? Los argentinos son esencialmente partidarios de un importante papel del Estado en la economía (ver gráfico) pero no prestan el mismo grado de consentimiento a la incidencia del Estado en términos fiscales, es decir, a la proporción del ingreso nacional que el Estado debería desviar del sector privado (restarlo del ingreso disponible para ser consumido, ahorrado o invertido) para poder aplicarlo al gasto público.

En otras palabras los argentinos quieren más participación del  Estado pero no están dispuestos a dotarlo de los recursos financieros necesarios, ya que estos no son reflejados (como debieran) en mejores bienes y servicios sino que, en muchos casos, ocurre todo lo contrario. Esta es una de las claves del fracaso del país: el intento en dotarse de un modelo de desarrollo consistente a largo plazo que evite las recurrentes crisis inflacionarias o de endeudamiento que son disparadas por esta discrepancia estructural entre nuestros deseos de provisión estatal de bienes y servicios, y nuestra disposición a obligarnos fiscalmente a sostenerlo financieramente.

¿Adiós a la democracia? Seminario Internacional Foro del Sur

Quiero que me expliquen, Canal Metro, 30/03/2016

El temor al pasado, un factor clave en el éxito de la convocatoria. La Nación. Lunes 3 de Abril 2017

Según los analistas, el rechazo al kirchnerismo le dio fuerza a la marcha; el Gobierno fue relegitimado

La consigna fue sencilla: no llevar banderas partidarias, sólo argentinas. El motivo se terminó condensando en uno: defender la democracia. Sin embargo, quienes participaron de la marcha en apoyo al Gobierno que se celebró anteayer levantaron numerosos carteles y sostuvieron varios motivos de reclamo, aunque no contra la gestión de Mauricio Macri. LA NACIóN consultó a varios analistas para que desmenucen y expliquen este fenómeno de vecinos autoconvocados en apoyo de un gobierno.

“Este fenómeno atípico de una marcha para defender a un gobierno ocurrió por el latente temor que amplios sectores de clase media y media alta tienen a una crisis de gobernabilidad y al regreso de un populismo autoritario al poder”, razonó Alejandro Catterberg, analista y uno de los directores de la consultora Poliarquía.

Catterberg destacó también lo llamativo de la situación en un contexto de dificultades económicas, que debería generar cuestionamientos, pero que se ven neutralizados por el repudio a otros fenómenos. “Un mes seguido de embestida kirchnerista y de los sectores más duros del sindicalismo provocó esta contrarreacción”, observó.

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En tanto, Graciela Römer, socióloga y directora de la consultora de opinión pública Graciela Römer & Asociados, consideró que lo que activó la masiva respuesta de anteayer fue “el temor a que el cambio que se votó en diciembre de 2015 se debilite al punto de retroceder”.

“Fue un rechazo a una modalidad de hacer política sin diálogo, a la violencia y a la devaluación de las formas republicanas que se vivió en la calle en los últimos días con los piquetes”, sostuvo la analista.

Römer también destacó que si bien hubo en la movilización un núcleo duro de fervientes seguidores de Macri, también participaron sectores que lo cuestionan pero lo prefieren al kirchnerismo o a otros partidos políticos.

“Mucha gente hizo un cálculo de costo y beneficio entre lo que desestima del Gobierno y lo que le gusta y eligió sumarse”, destacó.

Ante la pregunta sobre qué le reporta al Gobierno esta expresión popular y qué eventual beneficio podría generarle, ambos analistas coincidieron en que este apoyo será clave en el plano electoral y que reafirma la legitimidad de la actual gestión, que lleva menos de un año y medio en el poder.

“La manifestación le da aire político al Gobierno en una semana clave donde continuará la disputa con los sindicatos docentes y enfrentará el paro general del jueves próximo”, aseguró Catterberg. Y agregó: “Además, de cara al año electoral se refuerza la polarización entre el macrismo y el kirchnerismo, complicando la estrategia electoral del Frente Renovador, que queda relegado de la discusión política”.

Römer coincidió en que la marcha le dio al Gobierno un baño de legitimidad frente a un escenario de creciente conflictividad social. “Esta movilización es altamente auspiciosa para un gobierno que perdía imagen pública por los tarifazos y la inflación.”

“Le dio al Gobierno un nivel de legitimidad que parecía perdido y le devuelve un poco el manejo de la calle, que se vio tan cuestionado en estos días”, razonó la socióloga.

Zona norte lideró el respaldo en el conurbano

Si bien el epicentro de la marcha a favor del Gobierno fue en la Plaza de Mayo, muchos vecinos se manifestaron en su lugar más cercano. En el conurbano bonaerense, los municipios de la zona norte fueron los más convocantes. Vicente López, en las inmediaciones de la quinta de Olivos, y San Isidro fueron las localidades que más personas reunieron. Geográficamente, a medida que se acercaba al Sur, el apoyo manifiesto a la gestión de Mauricio Macri iba perdiendo solidez. En la zona oeste, en los municipios de Caseros, San Martín y Tres de Febrero se vieron algunas plazas con vecinos que aplaudían o llevaban pancartas con consignas “a favor de la democracia”. En la zona sur, en cambio, la manifestación fue considerablemente menor. Apenas se vieron algunas muestras de apoyo en Quilmes, gobernado por el intendente de Cambiemos Martiniano Molina. Lomas de Zamora y Avellaneda, ambas en manos del Frente para la Victoria, casi no reunieron vecinos.

http://www.lanacion.com.ar/2003557-el-temor-al-pasado-un-factor-clave-en-el-exito-de-la-convocatoria

ENTREVISTA A KICILLOF EN DESAYUNO AMERICANO. 8 DE MARZO 2017

EL ESCENARIO QUE ABRIÓ EL DISCURSO DE MACRI. LA VOZ DEL INTERIOR. DOMINGO 5 DE MARZO 2017

Para analistas y encuestadores, el Presidente ensayó los lineamientos de campaña. Sostienen que cambió el tono y que apunta a la polarización con el kirchnerismo.

 

Buenos Aires. El presidente Mauricio Macri habló una hora exacta al abrir el 135º período de sesiones ordinarias del Congreso y su discurso recibió lecturas disímiles, según respondieran al oficialismo o a la oposición.

“Lo vi muy bien, muy claro y preciso”, dijo la diputada Elisa Carrió. “Describió una realidad que no existe, fue provocador”, resumió el jefe de los diputados kirchneristas, Héctor Recalde. “El discurso de Macri fue psicótico o cínico”, pegó desde algún lugar del peronismo Alberto Fernández. “Un discurso electoralista sin agenda legislativa”, describió Felipe Solá desde el Frente 
Renovador.

¿El discurso interpeló a algún sector político en especial? ¿Fue confrontativo y coyuntural o propuso miradas a largo plazo, “propio de un estadista”, como entendió el diputado radical Luis Borsani? ¿El discurso asimiló distintos traspiés del Gobierno en el último bimestre?

La Voz conversó con analistas y politólogos acerca de los alcances del discurso presidencial y de las proyecciones por el escenario que viene.“Fue un discurso que apuntó a su propio electorado fundamentalmente”, opinó Graciela Römer. La socióloga y consultora política entendió que se trató “más de un discurso de campaña que de inicio legislativo, donde la lógica indica que se fijan prioridades gubernamentales con la pretensión de que la oposición acompañe; me parece que de esto último no se vio demasiado”, dijo Römer.

El consultor político Federico González coincidió con su colega en que “el discurso fue más orientado al tema político electoral que a un programa de agenda para un período legislativo”, aunque reconoce que “esto es una tentación muy común en la que incurren todos los políticos, más en un año efectivamente electoral”.

“A favor –continuó González–, vi a Macri más aplomado y seguro, con cierta veta beligerante, cosa que no es tan común en él”. Sobre esa “beligerancia”, el titular de la consultora González & Valladares admitió desconocer si Macri “se salió de libreto y fue traicionado por lo que piensa realmente más allá de lo políticamente correcto, o todo es producto de jugar a la estrategia de la polarización”.

Polarización

“Fue un discurso inscripto decididamente en una estrategia que el Gobierno tiene desde fines del año pasado. Es la estrategia de polarizar”, coincide el sociólogo Hilario Moreno. El titular de la consultora Dicen cree que “el Presidente está recreando la táctica utilizada por el kirchnerismo: no se trata de andar por el medio, contemporizando, sino pararse de un lado y pegarle al otro”, dijo.

“Fue un discurso fuerte, polarizador”, sintetizó también Ricardo Rouvier. A su entender, el Presidente “no planteó ningún plan económico. Es indudable que la economía mejoró para el campo, hay cosecha récord. Pero a gran parte de la sociedad eso no le influye; la mayoría de la gente vive en las ciudades, y le preocupan más los precios de los servicios y los alimentos. Noto que el Gobierno no me está diciendo si quiere sustituir importaciones o si quiere abrirlas para bajar los precios. Es indudable que no es un gobierno nacionalista ni estatista, aun cuando utiliza el Estado en función social cubriendo las necesidades básicas de la población para que esto no se le vaya de las manos. Pero, insisto, del discurso se desprenden fragmentos y no veo un modelo económico”, indicó Rouvier.

Analía del Franco vio “un discurso muy pensado y muy elaborado. El Presidente primero se atajó como contestando todas las críticas que se le podían hacer y después fue directo a ‘lo que dicen de nosotros no es así’. Y lo ejemplificó con frases como ‘cuando nos decían que íbamos a sacar todas las asignaciones sociales, o los subsidios a los sectores populares, y eso no sucedió’”.

Para Del Franco, Macri “fue más racional que otras veces, y hasta más enérgico”. Y agregó: “Fue un discurso dirigido a su electorado fiel, que debe estar en un 30 por ciento, como diciendo ‘la oposición va a seguir diciendo mentiras, crean en nosotros’”. La titular de la consultora Analogías, no obstante, sostuvo que el discurso “dejó algunas dudas respecto de una disociación entre lo que él estaba diciendo y lo que pasa en la calle. Hay una distancia. Faltó, o no quedo muy claro, decir cómo va a resolver los problemas concretos que afectan a la gente”.

“Creo que el pecado capital del discurso es nunca terminar de reconocer los problemas graves que hay, más allá de quién tiene la culpa o la deja de tener. Me parece que no estuvo a la altura de la gravedad que están atravesando ciertos sectores”, dijo González. Y sobre el sesgo polarizador, también fue crítico: “Me parece que eso no le suma. Cuando se pone muy crítico a los años del kirchnerismo, en todo caso afianza el apoyo que siempre tuvo, pero no es bueno para sumar a los que están en el medio”.

“Probablemente cayó en eso de ‘no hay mejor defensa que un buen ataque’; es bueno para la propia tropa, pero no para la ciudadanía”, insistió González.

Moreno opinó que “en estos momento Macri, en la provincia de Buenos Aires, está por debajo o cerca del 30 por ciento que logró en las Paso, por lo que su desafío es volver a seducir a votantes massistas que en el balotaje le dieron sus votos para superar el 50 por ciento. Massa tiene entre 17 y 22 puntos en la provincia según nuestras mediciones (otras, hay que señalar, le dan más puntos al líder del FR). Unos dos tercios son antikirchneristas. Hacia ese grupo dirigió el discurso, a juntar el voto anti-K, a poner lo más claro posible quién es el ‘cuco’, llámese Cristina o Baradel”, interpretó.

Polémicas

Episodios como los del Correo Argentino y otras denuncias sobre presuntos hechos de corrupción dentro del Gobierno, ¿se reflejaron en el discurso? “Ese ensayo y error que se vio sobre todo en el último bimestre ha sido caro para el Gobierno, aunque no sé si muy grave. Pero encendió alertas amarillas y efectivamente se ha retrotraído la imagen de gestión de gobierno y la imagen del Presidente”, opinó Römer.

“Por eso creo que el discurso intentó transmitir la existencia de un relato. El relato no necesariamente es una construcción de no verdades, sino que puede ser una construcción de verdades articuladas. El relato, sobre todo, es necesario para homogeneizar y neutralizar las idas y venidas que todo gobierno tiene siempre”, agregó.

“Al Gobierno le está costando hacer pie en cuanto a tener un relato sólido –dijo Analía del Franco–. Las últimas mediciones indican que está perdiendo apoyo entre quienes le confiaron su voto en el balotaje. Y un relato, si la situación de la economía del día a día no mejora, no terminan las noticias sobre despidos y suspensiones, es muy difícil de sostener. No le pasa solamente a Macri; a Cristina también le sucedía”, ejemplificó.

“La respuesta programada y pensada al mal momento fue salir para adelante; no hizo como

De la Rúa, no se quedó estático. Se pensó ‘vamos a poner agresividad en un sentido psicológico’; desde lo profesional, la recomendación fue buena. Aun así, Macri lució forzado”, evaluó Rouvier.

“En esta época –agregó Rouvier–, y en todo el mundo occidental, el discurso, más que a la gente en general, se dirige a una ‘elite’ que componen los medios, los políticos, los empresarios, y también nosotros, los que interpretamos ese contenido”.