BANALIZAR EL PODER. REVISTA NOTICIAS.

Historicamente la política ha sido un espacio de la vida pública monopolizado por los hombres, reservando a las mujeres el mundo de lo privado, marginándolas de la toma de decisiones sobre los asuntos de interés público. . Aún cuando las democracias latinoamericanas han experimentado un incremento significativo en términos de derechos cívicos y sociales, en el número de mujeres en sus parlamentos e incluso en niveles presidenciales, existe otro fenómeno que convierte a la mayor presencia femenina en el mundo de la política en algo que tiene menos que ver con avances democráticos que en una tendencia creciente hacia su banalización. La mayor visibilidad tiene menos que ver con el ejercicio de derechos que con nuevas modalidades del marketing político. Frente al fracaso de los políticos tradicionales , la creciente feminización de la política parece asociarse más con la necesidad de atraer a un electorado cada vez más escéptico y desconfiado. Si la política, dominada aún por lo masculino,es visualizada como un ámbito de corruptos, insensibles e ineficientes, la mujer emerge como una manera de tender puentes en la creación de credibilidad y mejora de imagen. Estamos en un problema. Cierto es que la política está enfrentada- aquí y en resto del planeta- a acusaciones de ineficiencia o corrupción .Pero el verdadero problema es que la política se ha quedado sin ideologías que la sustente. Sin diferenciales claros los políticos se han quedado sólo con su pura persona. Incidir en la formulación de políticas, ocupar cargos de poder, terminar con las desigualdades salariales o las diversas formas de discriminación y desvalorización son algunas de las deuda pendientes hacia las mujeres. Pero ello tiene poco que ver con la utilización de lo femenino como parte del marketing político.