El voto útil y el rechazo a Aníbal, lo que cambió las proyecciones. Clarín. Martes 27 de Octubre, 2015

Elecciones 2015.Especialistas coinciden en que la mayoría definió su voto después de que se cerrara la fecha límite para publicar encuestas.

“Las encuestas todavía no son una tomografía cerebral. Muchas veces se confunde a encuestadores con astrólogos, y es un error. El encuestador es un cientista social que interpreta la realidad, puede proyectar escenarios, y medir cierto tipo de conducta, pero no saca una radiografía”, dice la consultora política Graciela Römer, y enfatiza: “A veces es más fácil echarle la culpa de un resultado a una encuesta que al error de una campaña”.
Los primeros datos oficiales del escrutinio provisorio del domingo fueron, en principio, una sorpresa. Aunque la tendencia después se revirtió en favor de Daniel Scioli, las primeras cifras daban a Mauricio Macri una ventaja de 1,54 por ciento. Y aunque al cierre de esta edición, con más del 97 por ciento de las mesas escrutadas, el Frente para la Victoria aventaja a Cambiemos por 2,53 por ciento, esa brecha es menor a la que anticiparon las proyecciones que sólo pudieron publicarse hasta ocho días antes de la votación.
Dos semanas antes de ir a las urnas, una encuesta de Poliarquía publicada en La Nación daba un 37,1 por ciento de intención de voto a la fórmula Scioli-Zannini, y un 26,2 por ciento a Macri-Michetti. El 17 de octubre, Clarín publicó una proyección de Management & Fit que le daba el 34,3 por ciento de intención de voto al Frente para la Victoria por sobre un 25,1 por ciento para Cambiemos. Pero entre esas encuestas y los resultados de ayer hubo cambios, que los consultores pudieron difundir entre sus clientes pero que la ley les impide publicar. Esos cambios, esas decisiones de último momento, se tradujeron en un clima eufórico en el búnker del macrismo y en caras largas en el espacio del oficialismo.
“Las encuestas reflejan lo que la gente dice que va a hacer, hay que tomarlas con margen de error. Este es un año muy largo en términos de elecciones. El teléfono no para de sonar, el candidato o el encuestador te tocan el timbre, y hay una saturación que pudo haber contribuido a que la gente contestara cualquier cosa”, dice Mariel Fornoni, directora de Management & Fit. No sólo a ese hartazgo aduce la diferencia entre las últimas proyecciones que pudieron publicarse y las cifras escrutadas: “El gran tema fue en la provincia de Buenos Aires. Lo tradicional es que los candidatos a presidente e intendente traccionen votos para el gobernador, y aquí, ante un rechazo a Aníbal Fernández y la sensación de figura de María Eugenia Vidal, la candidata de Cambiemos terminó atrayendo votos presidenciales que iban para otro lado”, explica.
Según el consultor político Hugo Haime, “en la Argentina, sobre todo los sectores medios de Buenos Aires, del primer cordón del conurbano y de las grandes ciudades provinciales, deciden su voto en la semana previa a las elecciones”. Para el titular de Hugo Haime & Asociados, “esa población equivale al 30 por ciento del electorado y es la más racional, que elige en función de un voto útil; en este caso, muchos decidieron a último momento a quién votar para que Scioli no ganara en primera vuelta”.
También Römer habla de ese “voto útil”: “Hay votantes que han cambiado su voto en los últimos días, pasaron de un voto por convicción a uno estratégico, de un voto de centro-izquierda a uno de centro-derecha, simplemente porque su voto a Macri se convertía en el mejor camino para frenar al oficialismo. En la última semana se acentúa un voto volátil que busca caminos para ser más efectivo; no tanto para sostener una candidatura, sino para ejercer un voto protesta”.
El analista político Rosendo Fraga, que preside la consultora Nueva Mayoría, se mostró sorprendido por la diferencia entre las encuestas a boca de urna –realizadas una vez emitido el voto– y los resultados del escrutinio: “En el mundo está en debate la eficacia de la encuesta como instrumento de pronóstico electoral. Al diluirse las estructuras partidarias, los votantes son más independientes y entonces se definen a último momento”, explica, y agrega, de cara al balotaje: “Una encuesta no determina un resultado, pero sí determina los efectos políticos de ese resultado. Crea un umbral de expectativa, y si tenés más votos de los pronosticados, tiene un efecto positivo. Si tenés menos, aunque hayas ganado, el efecto es negativo”.
Factor sorpresa, que le dicen.

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