EL ESCENARIO QUE ABRIÓ EL DISCURSO DE MACRI. LA VOZ DEL INTERIOR. DOMINGO 5 DE MARZO 2017

Para analistas y encuestadores, el Presidente ensayó los lineamientos de campaña. Sostienen que cambió el tono y que apunta a la polarización con el kirchnerismo.

 

Buenos Aires. El presidente Mauricio Macri habló una hora exacta al abrir el 135º período de sesiones ordinarias del Congreso y su discurso recibió lecturas disímiles, según respondieran al oficialismo o a la oposición.

“Lo vi muy bien, muy claro y preciso”, dijo la diputada Elisa Carrió. “Describió una realidad que no existe, fue provocador”, resumió el jefe de los diputados kirchneristas, Héctor Recalde. “El discurso de Macri fue psicótico o cínico”, pegó desde algún lugar del peronismo Alberto Fernández. “Un discurso electoralista sin agenda legislativa”, describió Felipe Solá desde el Frente 
Renovador.

¿El discurso interpeló a algún sector político en especial? ¿Fue confrontativo y coyuntural o propuso miradas a largo plazo, “propio de un estadista”, como entendió el diputado radical Luis Borsani? ¿El discurso asimiló distintos traspiés del Gobierno en el último bimestre?

La Voz conversó con analistas y politólogos acerca de los alcances del discurso presidencial y de las proyecciones por el escenario que viene.“Fue un discurso que apuntó a su propio electorado fundamentalmente”, opinó Graciela Römer. La socióloga y consultora política entendió que se trató “más de un discurso de campaña que de inicio legislativo, donde la lógica indica que se fijan prioridades gubernamentales con la pretensión de que la oposición acompañe; me parece que de esto último no se vio demasiado”, dijo Römer.

El consultor político Federico González coincidió con su colega en que “el discurso fue más orientado al tema político electoral que a un programa de agenda para un período legislativo”, aunque reconoce que “esto es una tentación muy común en la que incurren todos los políticos, más en un año efectivamente electoral”.

“A favor –continuó González–, vi a Macri más aplomado y seguro, con cierta veta beligerante, cosa que no es tan común en él”. Sobre esa “beligerancia”, el titular de la consultora González & Valladares admitió desconocer si Macri “se salió de libreto y fue traicionado por lo que piensa realmente más allá de lo políticamente correcto, o todo es producto de jugar a la estrategia de la polarización”.

Polarización

“Fue un discurso inscripto decididamente en una estrategia que el Gobierno tiene desde fines del año pasado. Es la estrategia de polarizar”, coincide el sociólogo Hilario Moreno. El titular de la consultora Dicen cree que “el Presidente está recreando la táctica utilizada por el kirchnerismo: no se trata de andar por el medio, contemporizando, sino pararse de un lado y pegarle al otro”, dijo.

“Fue un discurso fuerte, polarizador”, sintetizó también Ricardo Rouvier. A su entender, el Presidente “no planteó ningún plan económico. Es indudable que la economía mejoró para el campo, hay cosecha récord. Pero a gran parte de la sociedad eso no le influye; la mayoría de la gente vive en las ciudades, y le preocupan más los precios de los servicios y los alimentos. Noto que el Gobierno no me está diciendo si quiere sustituir importaciones o si quiere abrirlas para bajar los precios. Es indudable que no es un gobierno nacionalista ni estatista, aun cuando utiliza el Estado en función social cubriendo las necesidades básicas de la población para que esto no se le vaya de las manos. Pero, insisto, del discurso se desprenden fragmentos y no veo un modelo económico”, indicó Rouvier.

Analía del Franco vio “un discurso muy pensado y muy elaborado. El Presidente primero se atajó como contestando todas las críticas que se le podían hacer y después fue directo a ‘lo que dicen de nosotros no es así’. Y lo ejemplificó con frases como ‘cuando nos decían que íbamos a sacar todas las asignaciones sociales, o los subsidios a los sectores populares, y eso no sucedió’”.

Para Del Franco, Macri “fue más racional que otras veces, y hasta más enérgico”. Y agregó: “Fue un discurso dirigido a su electorado fiel, que debe estar en un 30 por ciento, como diciendo ‘la oposición va a seguir diciendo mentiras, crean en nosotros’”. La titular de la consultora Analogías, no obstante, sostuvo que el discurso “dejó algunas dudas respecto de una disociación entre lo que él estaba diciendo y lo que pasa en la calle. Hay una distancia. Faltó, o no quedo muy claro, decir cómo va a resolver los problemas concretos que afectan a la gente”.

“Creo que el pecado capital del discurso es nunca terminar de reconocer los problemas graves que hay, más allá de quién tiene la culpa o la deja de tener. Me parece que no estuvo a la altura de la gravedad que están atravesando ciertos sectores”, dijo González. Y sobre el sesgo polarizador, también fue crítico: “Me parece que eso no le suma. Cuando se pone muy crítico a los años del kirchnerismo, en todo caso afianza el apoyo que siempre tuvo, pero no es bueno para sumar a los que están en el medio”.

“Probablemente cayó en eso de ‘no hay mejor defensa que un buen ataque’; es bueno para la propia tropa, pero no para la ciudadanía”, insistió González.

Moreno opinó que “en estos momento Macri, en la provincia de Buenos Aires, está por debajo o cerca del 30 por ciento que logró en las Paso, por lo que su desafío es volver a seducir a votantes massistas que en el balotaje le dieron sus votos para superar el 50 por ciento. Massa tiene entre 17 y 22 puntos en la provincia según nuestras mediciones (otras, hay que señalar, le dan más puntos al líder del FR). Unos dos tercios son antikirchneristas. Hacia ese grupo dirigió el discurso, a juntar el voto anti-K, a poner lo más claro posible quién es el ‘cuco’, llámese Cristina o Baradel”, interpretó.

Polémicas

Episodios como los del Correo Argentino y otras denuncias sobre presuntos hechos de corrupción dentro del Gobierno, ¿se reflejaron en el discurso? “Ese ensayo y error que se vio sobre todo en el último bimestre ha sido caro para el Gobierno, aunque no sé si muy grave. Pero encendió alertas amarillas y efectivamente se ha retrotraído la imagen de gestión de gobierno y la imagen del Presidente”, opinó Römer.

“Por eso creo que el discurso intentó transmitir la existencia de un relato. El relato no necesariamente es una construcción de no verdades, sino que puede ser una construcción de verdades articuladas. El relato, sobre todo, es necesario para homogeneizar y neutralizar las idas y venidas que todo gobierno tiene siempre”, agregó.

“Al Gobierno le está costando hacer pie en cuanto a tener un relato sólido –dijo Analía del Franco–. Las últimas mediciones indican que está perdiendo apoyo entre quienes le confiaron su voto en el balotaje. Y un relato, si la situación de la economía del día a día no mejora, no terminan las noticias sobre despidos y suspensiones, es muy difícil de sostener. No le pasa solamente a Macri; a Cristina también le sucedía”, ejemplificó.

“La respuesta programada y pensada al mal momento fue salir para adelante; no hizo como

De la Rúa, no se quedó estático. Se pensó ‘vamos a poner agresividad en un sentido psicológico’; desde lo profesional, la recomendación fue buena. Aun así, Macri lució forzado”, evaluó Rouvier.

“En esta época –agregó Rouvier–, y en todo el mundo occidental, el discurso, más que a la gente en general, se dirige a una ‘elite’ que componen los medios, los políticos, los empresarios, y también nosotros, los que interpretamos ese contenido”.

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